miércoles, 27 de junio de 2012

Un regalo de cumpleaños?, no es tan simple.

Si fuera grande haría regalos, por tanto soy pequeño y no tengo esa capacidad.

De hecho vivimos en una sociedad que fomenta ser pequeños, por lo que tampoco soy minoría y debieran aceptarme.

Cuantos regalos hacemos en nuestra vida? Sinceramente y qué priorizamos al hacer esos regalos?

Regalar tiempo es también un regalo?

Las empresas reciben agradecidos estos regalos?

Es común agradecer o sabemos que se hace como una obligación?

Qué motiva a hacer regalos? La necesidad? Quienes nos necesitan o necesitan más nuestros regalos?

Queremos que nos regalen? Cuáles son nuestras carencias? Qué necesitamos que nos sea regalado?
Qué podemos lograr por nosotros mismos? Algunos dicen que TODO es lograble por nosotros mismos…

De hecho yo ni siquiera me siento capaz de sobrevivir solo, quizá necesite regalos…

Cuál es el  producto de la sociedad chilena?, qué compone y qué descompone esta sociedad?,  porque así como biológicamente estamos determinados, o si emocionalmente estamos limitados a ser y sentirnos de una manera constante, y más encima de forma totalmente independiente de nosotros se nos impone este ser social, nacimos en esta sociedad y particularmente podemos hacer poco, pero socialmente este ser “maduro” de chile es demasiado involucionado o pequeño, mezquino que acostumbra a sus hijos a no hacer regalos o de hacerlos, a buscar y forzar el regalo al momento que se le antoje por una fecha en el calendario donde se supone que nos registramos en su sistema y se llama cumpleaños.

Ya, si es verdad que no pude ir y es verdad que me pregunté, qué cresta le regalo que sea relevante y no lo encontré, pero si lo encuentro se lo haré llegar, solo que no en las fechas que estipule el sistema y su carta Gantt, ya córtenla, para esto soy biológico y temperamental, lo siento no cuadro con tanta maquinaria arbitraria impuesta. La acepto pero no en todos los casos y regalar es uno de esos casos, sean regalos físicos, de tiempo o lo que sea regalable, por eso odio los amigos secretos, o las celebraciones de cumpleaños impuestas incluso al extremo de institucionalizarse corporativamente, un asco, que hay que aceptar pero que demuestran lo involucionado del ser social al que estamos obligados a pertenecer por motivos de sobrevivencia.

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